Novedades
No es que haya muchas. O sí, depende de cómo se mire o a quién se las cuente. De entrada, sólo quería volver a escribir, que es por dónde se vuelve siempre a estas andanzas. Pero no sabía bien con qué excusa, si a modo de diario o con un porqué tras ocho años de ir con las palabras a cuestas, borrándolas, reescribiéndolas, olvidándolas... Sin volver por aquí.
Sólo alguna vez eché mano del papel, por pura necesidad, como esa última vía de escape que brota cuando necesitas vomitar como sea y donde sea. De una manera más íntima, si duda, o al menos más reservada para uno mismo. Aunque luego yo no sepa bien en qué cuadernos o cajas me los acabaré encontrando, pues nunca he sido muy metódica en esto de los desahogos. Tampoco busco ahora eso. Sólo escribir. No sé si mucho ni poco, pero sí sé que intentaré retocar lo justo, como si fuera un manuscrito que de primeras tienes que evitar llenar de borrones. Y ya.
Pensé también en crear uno nuevo, como si ésta fuera una nueva etapa, un tiempo distinto. Y busqué, confiando en encontrar ese diseño que fuese el adecuado a tanto tiempo después y, sobre todo, porque este blog me parecía tristón, por mucho de lo contado en él y por esa foto melancólica que era el fiel reflejo de una historia triste que escuchaba justo en ese momento, como en un susurro, durante una noche de dolorosas confesiones en la terraza de un conocido escritor. Una noche de la que guardo, además, un roce osado por lo ajeno y el recuerdo de movernos entre luces tenues, libros y grandes macetas, con vistas a un Madrid que hoy no sabría ubicar.
Y sí, en el fondo hace mucho ya de todo aquello. Pero no tanto como para tener que partir de cero, en otro blog, con otro nombre. Por eso vuelvo una vez más aquí, sólo que mostrando esta vez el otro lado sonriente de mi cara.
Sin fin. Senza fine.
Sólo alguna vez eché mano del papel, por pura necesidad, como esa última vía de escape que brota cuando necesitas vomitar como sea y donde sea. De una manera más íntima, si duda, o al menos más reservada para uno mismo. Aunque luego yo no sepa bien en qué cuadernos o cajas me los acabaré encontrando, pues nunca he sido muy metódica en esto de los desahogos. Tampoco busco ahora eso. Sólo escribir. No sé si mucho ni poco, pero sí sé que intentaré retocar lo justo, como si fuera un manuscrito que de primeras tienes que evitar llenar de borrones. Y ya.
Pensé también en crear uno nuevo, como si ésta fuera una nueva etapa, un tiempo distinto. Y busqué, confiando en encontrar ese diseño que fuese el adecuado a tanto tiempo después y, sobre todo, porque este blog me parecía tristón, por mucho de lo contado en él y por esa foto melancólica que era el fiel reflejo de una historia triste que escuchaba justo en ese momento, como en un susurro, durante una noche de dolorosas confesiones en la terraza de un conocido escritor. Una noche de la que guardo, además, un roce osado por lo ajeno y el recuerdo de movernos entre luces tenues, libros y grandes macetas, con vistas a un Madrid que hoy no sabría ubicar.
Y sí, en el fondo hace mucho ya de todo aquello. Pero no tanto como para tener que partir de cero, en otro blog, con otro nombre. Por eso vuelvo una vez más aquí, sólo que mostrando esta vez el otro lado sonriente de mi cara.
Sin fin. Senza fine.


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