cuando quedan lejos...
En la estación de tren no se puede fumar. En ninguna, pero en Puerta de Arganda la gente fuma mirando los raíles. Ellas con plumas negro y los pelos teñidos, desmelenados; ellos con mochila al hombro y deportivas. A las horas que yo lo cojo apenas está cargado el andén de gente, apenas se oye ruido. Pero ayer se oía a una niña llorar; una y otra vez el mismo llanto. Él la miraba con los ojos acuosos y le volvía a dar a "reproducir" en el móvil. Y la niña volvía a llorar. Él, ¿su padre?, ¿senegalés?, parecía revivir la despedida de su familia desde una estación de tren en Madrid. Lejos, muy lejos.