Soy de esas madres. De las que te estrujan, de las que te preguntan qué piensas o creen saberlo todo o lo saben de manera indiscutible, intuitiva, poderosa; de las regañonas, de esas que utilizan frases hechas que ya escucharon a su madre y ésta antes a la suya. Te enseño, te rectifico, te reconduzco, te adoro, te dejo despegarte y te vuelvo a buscar. Te miro y pienso que nada fue igual desde que llegaste y nada sería igual si no estuvieses. Ni mis días, ni los suyos, ni los nuestros. Yo decidí que estuvieras aquí, me empeñé, prácticamente hice que te fabricasen para mí. No fue el azar, ni un descuido, ni algo fortuito, tampoco me bastó con intentarlo un mes y otro mes, con coordinar las horas, los momentos, las posturas... Nada parecía suficiente y nada lo fue. Soy de esas madres. De las que te sueñan, de las que te anhelan confiando en que un día llegarás y de las que antes que a ti ya quisieron a otros minúsculos seres, que también brillaban en el ecógrafo cuando otras manos los ...
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