de vuelta
Cuando las empecé, llovía; y se están acabando con días de sol. Dos semanas... como sería disfrutar así de todo un año? De despertares voluntarios, quedadas infinitas, des-estrés, lecturas durante horas, un libro pegado a otro; me dejo abrazar, me dejo ver, me dejo sentir... Estoy reaprendiendo, recuperando un poco de la tranquilidad perdida. Necesitaba tiempo para darme cuenta de que ya no podía ser fuerte sin más: porque ya son más de tres años; hace casi cuatro que todo empezó a torcerse, o hace más, porque nada surge de la noche a la mañana, sino que lleva su tiempo de maceración, pausada... hasta que se precipita... Y cuando él se precipitó, todo se desbordó, y yo me recogí dentro, muy dentro, y ahora estoy asomándome de nuevo. Pero antes he tenido que perderme y dar tumbos llamando a puertas desconocidas por ver si detrás de esas mirillas me encontraba con una mirada distinta, con alguien que me pudiese entender sin conocerme; queriéndome alejar de quienes siempre tuve cerca, perdida de mí; sin alejarse nadie en todo este tiempo. Me han perdonado cada uno de los desplantes, de los brotes de rabia, cada una de las lágrimas contenidas que salían incontroladas una tarde de cada mes.
Más insegura que nunca, he tenido horas y días de paciencia con quien no merecía tanto y apenas minutos de comprensión con quien seguía la trayectoria de cada uno de mis gestos. Y mientras cada semana callaba, anulada como me sentía, iba acumulando frases tragadas y tensión, y el muro se hacía cada vez más alto. En verano empecé a derribarlo, pero con las herramientas equivocadas: construyéndome una vida paralela, hasta que hicimos las maletas juntos. Nos fuimos y volvimos. Y volví. Poco a poco... pero, al fin, lo noto.
Más insegura que nunca, he tenido horas y días de paciencia con quien no merecía tanto y apenas minutos de comprensión con quien seguía la trayectoria de cada uno de mis gestos. Y mientras cada semana callaba, anulada como me sentía, iba acumulando frases tragadas y tensión, y el muro se hacía cada vez más alto. En verano empecé a derribarlo, pero con las herramientas equivocadas: construyéndome una vida paralela, hasta que hicimos las maletas juntos. Nos fuimos y volvimos. Y volví. Poco a poco... pero, al fin, lo noto.
Comentarios
No se puede ser fuerte sin más, hay que hacerlo con un propósito y aunque a veces se nuble siempre se encuentra un huequito por el que pasa un rayito de luz. Un minúsculo rayito de luz en un día nublado puede convertirlo todo en el cielo más bonito y espectacular!
Creo que tenías que hacer un viaje, no sabía cuanto tiempo te tendría fuera, ni si cuando volvieras sería definitivo, ni si querrías que fuésemos a recogerte, daba igual, esperaría lo que hiciera falta, lo importante es volver.
Bienvenida...