cuando un libro recoge lo que tantas veces pensaste

... uno ve un día un gesto inconfundible, asiste a una reacción inequívoca (…) siente en la nuca el carácter o la propensión de una mirada cuando ésta se sabe invisible y resguardada y a salvo, tantas son involuntarias; nota la melosidad o la impaciencia, percibe las intenciones ocultas que no están ocultas jamás del todo, o las inconscientes antes de que se vuelvan conciencia en quien deberá abrigarlas, a veces prevé uno a alguien antes de que ese alguien se prevea a sí mismo ni se conozca ni se intuya siquiera, y adivina la traición aún no fraguada y el desdén aún no sentido; y el empacho que uno causa, el cansancio que provoca o la aversión que ya inspira, o bien lo contrario que no es mejor siempre: la incondicionalidad que se nos tiene, la demasiada expectativa, la entrega, el afán de agradar del otro y de sernos vital para suplantarnos luego y ser así quien nosotros somos; y el ansia de posesión, la ilusión que uno crea, la determinación de alguien de estar o permanecer al lado, o de conquistarlo, y la lealtad irracional, desvariada (…) También percibe cuando algo se tuerce y se echa a perder, o da un gran vuelco y las tornas cambian, cuando se fastidia todo, en qué momento uno deja de querer como antes o dejan de quererlo a uno, quién se acostará con nosotros, quién no (…) cuándo decepcionamos o cuándo irrita que aún no lo hagamos y no ofrezcamos el pretexto ansiado, para ser despedidos; qué detalle no se soporta y señala la hora de que nos volvamos insoportables ya para siempre; y también sabemos quién va a amarnos, hasta la muerte y mas allá y a nuestro pesar a veces, más allá de la muerte suya o de la mía o de ambas (...) Pero nadie quiere ver nada y así nadie ve casi nunca lo que está delante, lo que nos aguarda o depararemos tarde o temprano, nadie deja de entablar conversación o amistad con quien sólo nos traerá arrepentimiento y discordia y veneno y lamentaciones (…) no hay nada sobrenatural ni misterioso en ello, lo misterioso es que no atendamos. Y la explicación ha de ser simple, de algo tan compartido por tantos: es sólo que sabemos, y lo detestamos; que no toleramos ver; que odiamos el conocimiento, y la certidumbre, y el convencimiento; y nadie quiere convertirse en su propio dolor y su fiebre...

"Fiebre y lanza", Javier Marías, 2002.

Comentarios

insider ha dicho que…
Un párrafo que lo dice todo, trágicamente todo.
Canelita ha dicho que…
...afortunadamente siempre hay quien sabe explicarlo... y tan bien.
Anónimo ha dicho que…
It was pretty bright up on the rainbow bridge tonight,
I could see into your window although you’re far away...
(senza fine, me gusta tu blog)

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