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Mostrando entradas de mayo, 2007

un lunes de mayo

No se ha acabado la semana, y ya te tengo nostalgia: trajiste cañas (tú 72, yo sólo 3), viniste para arroparme con risas (salen más espontáneas contigo) y paseaste tus preguntas para respuestas azarosas. Siempre te espero con los brazos abiertos; a ti, que eres tan apetecible de abrazar y tan poco dado a ser abrazable.

con esa carita...

(Valdebernardo. 23:30h.) D.: Creo que te equivocaste de estación. B.: No, creo que no. D.: Sí... creo que debías haber bajado en Ciudad de los Ángeles o en Puerta del Ángel. Hacía tiempo que un desconocido no me sacaba una sonrisa en un día con cara gris.

el asiento

Se sentó para buscar palabras, para reposar las ideas y encontrar la solución; y encontró que ya no sabía cómo organizar el batiburrillo. Cuando de repente te paras a escucharte, si llevas largo tiempo sin hacerlo, el ruido es tal que casi prefieres volver al vacío. Se sentó para mirarse el ombligo y se dio cuenta de que estaba tapado por los pliegues de la carne, que había dejado crecer por dejadez. Cuando de repente te paras a mirarte en el espejo, si llevas tiempo sin cuidar tu reflejo, la visión es tal que casi prefieres volver a la inopia. Se sentó, al fin, sólo por sentarse, y descubrió que se hundía en el sofá.